domingo, 13 de marzo de 2011

Palmira.

Era menuda y nerviosa, apasionada, ella decía que se parecía a Liz Taylor (Nada que ver), mamá se reía mucho cuando lo decía, pero la belleza externa es lo de menos, ella tenía unas manos prodigiosas y tocaba el piano como los ángeles, leía hasta los autores prohibidos en aquélla época, yo la oía a escondidas, porque antes los niños -no podíamos escuchar las conversaciones de los mayores- y mucho menos intervenir, pero era tan vital, tan enamorada de la cultura que contagiaba a cualquiera que le pusiera un mínimo de atención. Es una figura que ha tenido gran presencia e influencia en mi vida, las tardes en su casa, oyéndola tocar su piano, acompañar a tenores que acudían allí para deleitarnos con sus áreas de diferentes óperas o zarzuelas, qué privilegio, una mujer, como tantas, que pasó prácticamente desapercibida por esta vida, que podría haber sido una celebridad, pero que prefirió soñar, amar a Chopin platónicamente, pensar que la amaban apasionadamente como ella quería, ella lo daba todo, su alegría, sus risas y bromas, cómo animó nuestra niñez y la soledad de mi madre. La última vez que la ví viva estaba postrada en la cama dejando esta vida, era tan increible y se alegró tanto de mi visita, que comenzó a contar chistes y anécdotas que tenía en su lúcida memoria, una de ellas la recuerdo especialmente, me contó que había un político tan feo en los tiempos de la República que una vez en el parlamento, otro político en una discusión le comentó que él había engañado a los parlamentarios, que tenía dos caras, a lo que el feo contestó: -¿Usted cree que si tuviera otra cara no la cambiaría por ésta?- me lo contaba y reía como una niña, volvía a vivir su experiencia, después me preguntó: -¿Y tú, no tienes ningún chiste que contarme?- me quedé anonadada, se estaba muriendo y estaba llena de alegría...Vaya desde aquí mi recuerdo y amor a esta gran mujer desaprovechada por tanta gente, menos mal que gracias a mi madre, nosotros sí la disfrutamos, sí la quisimos y sí la valoramos.

1 comentario:

  1. ¿Cómo va a pasar desapercibida una persona que con solo recordarla me hace sonreir? Hola Lay, hola lay..., jajajaja. La última vez que la vi y oí tocar el piano, fue en casa de Charo. Mujer extraordinaria.

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