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domingo, 10 de marzo de 2013

Demagogia de género...el miedo.

Lo preocupante no es la perversidad de los malos sino la indiferencia de los que se dicen buenos. Martin Luther King.

Sé que es un tema muy sensible y que no a todo el mundo gustarán las preguntas que me hago a continuación:

¿Es inocente el miedo?
¿Es inocente la madre que viendo cómo su hija es víctima de abusos por parte de su pareja por miedo no hace nada?
¿Son inocentes los padres de una hija que les cuenta que está siendo maltratada y le aconsejan que trate de superarlo?
¿Es inocente seguir religiones que desprecian explícita, sutil o subliminalmente la condición de ser mujer? (Casi todas)
¿Es inocente llevar a tu hija para que sea mutilada genitalmente por otra mujer?
¿Es inocente soportar maltratos delante de tus hijos e incluso ver cómo ellos los sufren sin hacer nada?
¿Es inocente aprovecharte de la situación de demagogia general a favor de la mujer con este tema para sacar provecho y quitar a un hombre de tu vida e incluso, en muchos casos de la de tus hijos?
¿Es inocente dejar a tus hijos sin su padre a sabiendas de que los quiere, aprovechando de nuevo la situación actual?
¿Es inocente permitir casar a tu hija en la niñez?
¿Porqué tantas personas permiten estas situaciones?

La educación que da la lucidez necesaria para poder elegir es lo único que puede ayudar. Dice hoy en su artículo de cada domingo Maruja Torres que cualquier cosa -sea una religión o un caldo de apio que le sirve al ser humano para pasar la noche sin miedo- es aceptable. Lo que ya no lo es tanto es que por la mañana se pongan a predicarlo...

Waris Dirie (Reflexiones diarias W.P.)
Soy una mujer, tengo una hija y dos hijos, quiero que sean dignos de respeto y que respeten. Me gustaría que sean valientes, que no tengan miedo, que nunca tengan que decir que hicieron una fechoría o la permitieron conscientemente por causa del miedo, que sepan decir basta cuando sea necesario, que tengan la suficiente lucidez para discernir entre las diferentes situaciones que les presentará la vida, que se sientan libres de expresar lo que sienten y piensan sin temor a lo que pensarán los demás, que se puedan enfrentar a situaciones o personas con la serenidad suficiente para no convertirse ellos en los verdugos.