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sábado, 7 de enero de 2017

Una triste historia verídica. ( Podría ser, que alguna sensibilidad se sintiera herida).




Subió al autobús escolar, su mamá le dio un cariñoso beso como siempre hacía para despedirla sin imaginar que ese día su querida niña experimentaría una de las jornadas más terribles de su vida.

Por aquellos años los autobuses no estaban obligados a llevar acompañantes como tampoco a tener las puertas cerradas. Hicieron varias paradas más, en el primer asiento, justo encima de la puerta delantera viajaban dos niñas. El chofer arrancó y al momento, sin que las alumnas se percataran de cómo había ocurrido, un brusco frenazo hizo que la niña que iba sentada en el pasillo saliera disparada por aquella puerta abierta, las ruedas traseras pasaron por encima de su cuerpecito, el conductor, desesperado bajó para descubrir horrorizado lo ocurrido. 

En medio de aquel susto, las niñas gritando, llorando, él no sabía qué hacer, los transeúntes se agolpaban al ver lo ocurrido, lo que que se le ocurrió fue subir a la niña accidentada, la puso en el pasillo, arrancó de nuevo y se dirigió al colegio, mientras tanto las alumnas aterrorizadas hacían toda clase de conjeturas. 

El hombre lloraba mientras conducía, tan asustado como sus pasajeras. Llegaron al colegio donde había mucha gente esperando y policías, tuvieron que pasar por encima de todo aquello, una a una, las niñas fueron ayudadas a bajar, no entendían qué estaba pasando. 

Los padres fueron llegando a recogerlas. Preguntó a su madre qué  le había pasado a su compañera, que si estaba muerta, su madre le contestó que posiblemente podrían vendarla y curarla, pero ella había visto el dantesco espectáculo, no entendía cómo iban a arreglar aquel cuerpo...

A partir de entonces, muchas noches, desde sus cuatro añitos, soñaba con su compañera, la veía vendada de la cabeza a los pies, sentada en el alféizar de una ventana mirando al cielo, su mamá, junto a ella, le contaba cuentos de fantasías felices...

martes, 27 de octubre de 2015

La princesa triste.












Había sido una niña buena, siempre hizo lo que se esperaba de ella, estudió, se preparó como sus padres querían, siempre agradando a los demás, siempre perfecta, como había aprendido con los ejemplos de su familia. Que nadie tenga nada que decir de familia tan honrosa. Así creció, pensando que los otros admiraban su buen hacer, su buen vestir, su vida completa.

Así pasaron los años, viajando, aprendiendo, prosperando, se convirtió en una bella y eficiente mujer. Un día le conoció y apasionada como era se enamoró locamente de él. Pensó que su amor lo haría cambiar, le haría despojarse de su inmenso egoísmo... para descubrir la cruel realidad, nunca cambiaría.

Luchó por su sueño, por su amor, por su familia. Su fortaleza la hacía volver a creerle, volver a confiar, pero de nuevo le fallaba, ella se sentía culpable, sentía que no podía colmar la inmensa virilidad que él le hacía creer que no podía dominar, él se le mostraba como un ser superior, disculpaba sus deslealtades con argumentos miserables como que ella no era la amante que deseaba. Pensaba que la quería, de hecho, se lo repetía a menudo, ella era su princesa, la reina de su casa, sus devaneos nada tenían que ver con la buena marcha de la familia, le demostraba celos incluso, no podía ser verdad, no podía creer lo evidente, lo que era una mentira a voces, a ella no le podía estar pasando. Lo había dado todo, todo y más, pero a él no le bastaba.

¿Era él un maltratador psicológico?, ¿Era ella una víctima inconscientemente?, estaba sola, se sentía sola, necesitaba mucha fuerza para romper lo que era toda su vida, necesitaba un poder de decisión que le faltaba, educada como había sido en el seno de una familia católica y muy tradicional, tampoco podía decepcionarles a ellos, no quería hacerles daño, así que seguía sola...


domingo, 10 de marzo de 2013

Demagogia de género...el miedo.

Lo preocupante no es la perversidad de los malos sino la indiferencia de los que se dicen buenos. Martin Luther King.

Sé que es un tema muy sensible y que no a todo el mundo gustarán las preguntas que me hago a continuación:

¿Es inocente el miedo?
¿Es inocente la madre que viendo cómo su hija es víctima de abusos por parte de su pareja por miedo no hace nada?
¿Son inocentes los padres de una hija que les cuenta que está siendo maltratada y le aconsejan que trate de superarlo?
¿Es inocente seguir religiones que desprecian explícita, sutil o subliminalmente la condición de ser mujer? (Casi todas)
¿Es inocente llevar a tu hija para que sea mutilada genitalmente por otra mujer?
¿Es inocente soportar maltratos delante de tus hijos e incluso ver cómo ellos los sufren sin hacer nada?
¿Es inocente aprovecharte de la situación de demagogia general a favor de la mujer con este tema para sacar provecho y quitar a un hombre de tu vida e incluso, en muchos casos de la de tus hijos?
¿Es inocente dejar a tus hijos sin su padre a sabiendas de que los quiere, aprovechando de nuevo la situación actual?
¿Es inocente permitir casar a tu hija en la niñez?
¿Porqué tantas personas permiten estas situaciones?

La educación que da la lucidez necesaria para poder elegir es lo único que puede ayudar. Dice hoy en su artículo de cada domingo Maruja Torres que cualquier cosa -sea una religión o un caldo de apio que le sirve al ser humano para pasar la noche sin miedo- es aceptable. Lo que ya no lo es tanto es que por la mañana se pongan a predicarlo...

Waris Dirie (Reflexiones diarias W.P.)
Soy una mujer, tengo una hija y dos hijos, quiero que sean dignos de respeto y que respeten. Me gustaría que sean valientes, que no tengan miedo, que nunca tengan que decir que hicieron una fechoría o la permitieron conscientemente por causa del miedo, que sepan decir basta cuando sea necesario, que tengan la suficiente lucidez para discernir entre las diferentes situaciones que les presentará la vida, que se sientan libres de expresar lo que sienten y piensan sin temor a lo que pensarán los demás, que se puedan enfrentar a situaciones o personas con la serenidad suficiente para no convertirse ellos en los verdugos.