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viernes, 20 de enero de 2017

Basado en hechos reales.




Cuadro de Botero


Sonrió mientras conducía. El recuerdo no era para menos. Andrés lo había vivido y ella había sido testigo. Había ocurrido hacía muchos años, pero no dudaba de que todavía fueran vigentes situaciones como aquella.

Habían decidido casarse, aunque el sueldo de Andrés no fuera para lanzar fuegos artificiales, ellos se amaban y querían estar juntos, formar una familia, el trabajo de ella aunque muy bien remunerado era complicado, especialmente para combinarlo con una vida ordenada como les gustaba, por eso pidió una excedencia. Andrés llevaba tres meses sin percibir su salario, era lo normal en su empresa, pagaban poco y mal. 

Así que decidió hablar con don Antonio, el dueño. Le explicó que iban a casarse en dos meses, que les gustaría ir de luna de miel a algún lugar bonito y que naturalmente necesitaba su dinero. Don Antonio lo felicitó y mandó que le pagaran el mes más atrasado de los tres que le debían. Todo funcionó "correctamente" y cobró en septiembre el sueldo de junio.

Pasaban los días y seguía sin percibir sus emolumentos de los meses julio y agosto, así que armándose de valor una vez más fue al despacho de don Antonio, ya que estaban a las puertas de octubre y pronto volvería a aumentar el retraso...

Y aquí viene lo que causaba su risa todavía después de tantos años: - Buenos días Antonio, perdona que te moleste de nuevo, pero, como te había dicho, me caso en breve y necesitaría que me abonaras los sueldos de julio y agosto - A lo que el empresario contestó: - Chico, parece mentira, no hace quince días te he pagado y ya estás otra vez reclamando!!!!!!!!- 

Y colorín colorado, este relato se ha acabado. Dejo a gusto de los lectores las diferentes interpretaciones que tal hecho les sugiera.

sábado, 7 de enero de 2017

Una triste historia verídica. ( Podría ser, que alguna sensibilidad se sintiera herida).




Subió al autobús escolar, su mamá le dio un cariñoso beso como siempre hacía para despedirla sin imaginar que ese día su querida niña experimentaría una de las jornadas más terribles de su vida.

Por aquellos años los autobuses no estaban obligados a llevar acompañantes como tampoco a tener las puertas cerradas. Hicieron varias paradas más, en el primer asiento, justo encima de la puerta delantera viajaban dos niñas. El chofer arrancó y al momento, sin que las alumnas se percataran de cómo había ocurrido, un brusco frenazo hizo que la niña que iba sentada en el pasillo saliera disparada por aquella puerta abierta, las ruedas traseras pasaron por encima de su cuerpecito, el conductor, desesperado bajó para descubrir horrorizado lo ocurrido. 

En medio de aquel susto, las niñas gritando, llorando, él no sabía qué hacer, los transeúntes se agolpaban al ver lo ocurrido, lo que que se le ocurrió fue subir a la niña accidentada, la puso en el pasillo, arrancó de nuevo y se dirigió al colegio, mientras tanto las alumnas aterrorizadas hacían toda clase de conjeturas. 

El hombre lloraba mientras conducía, tan asustado como sus pasajeras. Llegaron al colegio donde había mucha gente esperando y policías, tuvieron que pasar por encima de todo aquello, una a una, las niñas fueron ayudadas a bajar, no entendían qué estaba pasando. 

Los padres fueron llegando a recogerlas. Preguntó a su madre qué  le había pasado a su compañera, que si estaba muerta, su madre le contestó que posiblemente podrían vendarla y curarla, pero ella había visto el dantesco espectáculo, no entendía cómo iban a arreglar aquel cuerpo...

A partir de entonces, muchas noches, desde sus cuatro añitos, soñaba con su compañera, la veía vendada de la cabeza a los pies, sentada en el alféizar de una ventana mirando al cielo, su mamá, junto a ella, le contaba cuentos de fantasías felices...

miércoles, 25 de febrero de 2015

Antes no era como ahora.




Siempre, desde adolescente, tuvo muy claro lo que quería sobre todas las posibilidades que le ofrecía esta breve vida: ser madre. 

Se decía que aunque no apareciera el llamado cursilonamente  "Príncipe azul", tendría un hijo. Tampoco la convenció  mucho aquello de guardarse virgen para que un macho con gustos de dudoso gusto, valga la redundancia, la "Gozara" de una manera tan vil...no, no la convencía ese tema. En la España en la que ella se movía eso era un escándalo, no podía decirlo, por dios, qué pensaría la gente, así que ella se guardaba sus pareceres y se mostraba todo lo modosita que los tiempos requerían.

Se enamoró en su adolescencia hasta la médula, hasta querer ofrecer su cuerpo entero junto con su alma a aquel muchacho estudiante guapísimo, muy de izquierdas, pero a su novia para casarse, no se la tocaba hasta ese extremo, estaría bueno, para eso estaban las meretrices, y con la sangre hirviéndole en las venas por el apasionamiento del amor por aquella muchacha loca que quería ofrecerle todo su ser, aquel estudiante había aprendido ya, a irse de putas, sí, se iba a la calle que las mujeres decentes no debían nombrar y allí aliviaba sus deseos, eso era lo correcto.

Pero ella se cansó, se decepcionó, sobretodo, no le pareció sincero su amor, no le parecía íntegra, aquella forma de actuar, sin saber porqué, su amor se fue enfriando y lo dejaron después de cinco años. 

Ahora sola, con su juventud y su vida por delante, se propuso antes que nada, perder aquel lastre que era estar como había nacido después de una relación de amor platónico de tantos años. Le fue fácil, no estaba enamorada y eso era lo mejor, después de que aquel casi desconocido "Gozara" lo que su novio no había querido amar, siguió su camino sintiéndose mucho más ligera, como una pluma casi. Ya podía tener un hijo, con padre, sin padre, daba igual. 

Tuvo a su hijo, sola, pasó tremendos momentos de dolor y de desesperación, demasiado tarde comprendió que aquello era muy difícil, pero el niño ya estaba allí, había que buscar caminos, los encontró, se defendió como una jabata contra viento y marea, consiguió sacar a su bebé adelante. En ello estaba cuando encontró a un hombre de verdad, de los que no tienen miedo de amar a un hijo de otro.

Y esta es la historia de hoy, que más bien es de ayer, de un ayer lejano y oscuro, donde la libertad consistía en ser como debías, y solo había una forma de ser si eras mujer.