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domingo, 14 de febrero de 2021

Amor...

 




Ese amor apasionado que te da la vida al tiempo que te quita el aliento es memorable y maravilloso, pero para mí, el AMOR es aquel que después de esa etapa, sigue creciendo a pesar de las vicisitudes, se adapta, respeta, acepta y se va convirtiendo con el paso de los años en complicidad, en saber lo que al otro le gusta sin preguntarlo, en convertir las manías en sentido del humor, en cuidar y dejarse cuidar, en crecer, en escuchar, en ver al otro y sentir juntos el paso de la vida, sabiendo que empezaron en aquella etapa del principio pero nunca pensaron en abandonar, porque el verdadero amor es como un patrimonio que hay que conocer, respetar y conservar. #Felizdía

jueves, 10 de octubre de 2019

Agradecer es poner la atención en tus potencialidades, no en tus carencias.








  • Y eso, ¿De qué me sirve? - le preguntó. -Prueba a hacerlo por un momento,   piensa en los que te aman, si puedes respirar, caminar, ver, tocar, sentir, si tienes un techo, comida, libertad, tantas cosas por las que sentirte bien, siente esa paz y serenidad automáticamente, eso lo primero. 
  • Posteriormente comprobarás cómo se te van aclarando tus pensamientos, lo que parecía negro ya no lo es tanto, vas dando paso a la fuerza que hay en tu ser para afrontar cualquier circunstancia, con la tranquilidad de que vas a poder salir de esa situación gracias a todo lo que hay de bueno en tu vida. 
  • Si piensas en ello seguro que lo encuentras, todos tenemos algo que agradecer, claro que hay momentos en la vida en que nos parece que todo está en nuestra contra, pero, para un momento, mira hacia tus adentros, serénate, haz que callen esas voces en tu mente que no dejan de atormentarte, deja que entre la luz, que sientas esa paz tan necesaria para ver lo importante, no lo superfluo, ahí estará la respuesta, llegará  la paz que necesitas para caminar por el sendero que más te conviene.
  • Así lo creo y por eso te lo quiero transmitir. Ojalá te sirva, de corazón.

lunes, 6 de febrero de 2017

A esos dos LU y a cada uno de ellos.




Y tú estas y yo estoy
y juntos somos.
Tú creciendo yo menguando,
quiero ser ese testigo
todo el tiempo que me quede
alimentar momentos
aunque sean breves

Porque el recuerdo
es renovar vivencias
y ellas son
lo que nos sucede
lo que vivimos antes
y después, que de nuevo aparece
haciéndose reales y como presentes.

Vive tu vida
sintiéndola,
yo estaré expectante
viéndote experimentar
y crecer constantemente
sé siempre dueño de ti mismo
y la dignidad te acompañará siempre.


lunes, 30 de enero de 2017

Carta a mi segundo nieto.




Mi pequeñín llegado del amor, una promesa de dulzura que colma mis sueños más ambiciosos que han sido los más sencillos. 


Todo se ha ido cumpliendo o es que yo soy muy conformista? No lo creo, es, simplemente la autorealización, el zenit de una vida de trabajo y buenas intenciones. 


Nunca aspiré a llegar a ninguna cima que me fuera inalcanzable, a ninguna meta, simplemente caminé y andando por las veredas tropecé, aún cuando había tratado de evitarlo. 

Pero me levanté, lloré y disfruté, aprendiendo avanzo, sabiendo que la paz no era un destino, que la felicidad se sentía a ratos y la desgracia también, que la vida es eso, caminar conscientemente, sentir cada instante...



Hoy, has llegado a esta vida que vivo colmando mis ilusiones, mis sueños más lúdicos, has despertado mis sentimientos más dulces convirtiéndome por segunda vez en ABUELA.

lunes, 11 de abril de 2016

Desgranando arvejas...








Estaba  en la cocina pelando unas arvejas (guisantes) que le había  regalado su  hermano de la finca que trabajaba. En ese momento, sin darse cuenta se sintió con once años, en la mesa de la cocina de su casa con su mamá y sus hermanos, en el centro una fuente llena de ellas para pelar, era la tarea que mamá les había puesto esa mañana, siempre lo hacía cuando había que ayudar, entre los tres llevaban a cabo la tarea encomendada.

-¿Puedo comerme una cruda?- le preguntó a su madre, a lo que ella contestó con su dulce sonrisa - Sí, pero solo una, que te pueden sentar mal- Así que se comió unas cuantas arvejas crudas que le supieron a gloria, sus hermanos hicieron lo mismo puesto que ella era la mayor y siempre le copiaban.

Es increíble, como los recuerdos vienen a nuestras mentes en el momento menos esperado. Se preguntó si su madre, ya ausente hacía demasiado tiempo, sería consciente de que esos momentos pasados juntos iban a ser tan poderosos que a través de tantos años todavía siguieran vivos en sus hijos. 

De la misma manera, pensaba que en un futuro también sería recordada por los hijos, por los nietos, por esos momentos que casi inconscientemente pasamos juntos y llenan nuestras vidas, momentos haciendo cosas sencillas, cotidianas, pero que forman parte de nuestras vivencias, de nuestro carácter, me atrevería a decir. Y es que es muy cierto que la vida está hecha de esos pequeños detalles, de esas inadvertidas complicidades...

jueves, 7 de abril de 2016

Mi supernieto.



La ilusión contagiosa
la vida entera en la mirada
el agradecimiento hecho realidad
todo es posible a sus años

nada le impide avanzar
torbellino de ideas
agilidad en acción
alegría a raudales.

No importan las alas,
si no las tiene, las inventa
no importa la altura
salta porque es apasionante.

Bailar no es un problema
si hay música su cuerpecito
se moverá al compás
de sus canciones.

Si hay que cantar, se canta
acompañado de cualquier instrumento,
puede ser un libro haciendo de
guitarra, también el libro podría ser espada

Si hay que ir al espacio
una trona patas arriba
hará de nave espacial
con solo pulsar un "botón"

esa nave el cielo surcará
y a otra galaxia lo conducirá,
con un caldero como casco
desembarcará orgulloso y seguro avanzará.

Así empieza su vida,
su aventura, volando, saltando
jugando, inventando,
dejándose querer como solo un niño sabe hacer.









miércoles, 25 de febrero de 2015

Antes no era como ahora.




Siempre, desde adolescente, tuvo muy claro lo que quería sobre todas las posibilidades que le ofrecía esta breve vida: ser madre. 

Se decía que aunque no apareciera el llamado cursilonamente  "Príncipe azul", tendría un hijo. Tampoco la convenció  mucho aquello de guardarse virgen para que un macho con gustos de dudoso gusto, valga la redundancia, la "Gozara" de una manera tan vil...no, no la convencía ese tema. En la España en la que ella se movía eso era un escándalo, no podía decirlo, por dios, qué pensaría la gente, así que ella se guardaba sus pareceres y se mostraba todo lo modosita que los tiempos requerían.

Se enamoró en su adolescencia hasta la médula, hasta querer ofrecer su cuerpo entero junto con su alma a aquel muchacho estudiante guapísimo, muy de izquierdas, pero a su novia para casarse, no se la tocaba hasta ese extremo, estaría bueno, para eso estaban las meretrices, y con la sangre hirviéndole en las venas por el apasionamiento del amor por aquella muchacha loca que quería ofrecerle todo su ser, aquel estudiante había aprendido ya, a irse de putas, sí, se iba a la calle que las mujeres decentes no debían nombrar y allí aliviaba sus deseos, eso era lo correcto.

Pero ella se cansó, se decepcionó, sobretodo, no le pareció sincero su amor, no le parecía íntegra, aquella forma de actuar, sin saber porqué, su amor se fue enfriando y lo dejaron después de cinco años. 

Ahora sola, con su juventud y su vida por delante, se propuso antes que nada, perder aquel lastre que era estar como había nacido después de una relación de amor platónico de tantos años. Le fue fácil, no estaba enamorada y eso era lo mejor, después de que aquel casi desconocido "Gozara" lo que su novio no había querido amar, siguió su camino sintiéndose mucho más ligera, como una pluma casi. Ya podía tener un hijo, con padre, sin padre, daba igual. 

Tuvo a su hijo, sola, pasó tremendos momentos de dolor y de desesperación, demasiado tarde comprendió que aquello era muy difícil, pero el niño ya estaba allí, había que buscar caminos, los encontró, se defendió como una jabata contra viento y marea, consiguió sacar a su bebé adelante. En ello estaba cuando encontró a un hombre de verdad, de los que no tienen miedo de amar a un hijo de otro.

Y esta es la historia de hoy, que más bien es de ayer, de un ayer lejano y oscuro, donde la libertad consistía en ser como debías, y solo había una forma de ser si eras mujer.

jueves, 5 de febrero de 2015

La niñera.





Ahí estaba, pequeña, con su pelo rizado, una media sonrisa como de no creerse todo lo que ve o le dicen... le acompañaba su madre, la señora recomendaba a su hija, como no podía ser de otra manera, contaba que había pasado por una pequeña mala racha, pero que ahora estaba perfecta, con ganas de trabajar, que le gustaban los niños y era muy trabajadora.

La observó y nada le pareció extraño en aquella joven muchacha, se la había recomendado una amiga en la que confiaba y estaba dispuesta a darle una oportunidad, aparte de la falta que le hacía tener alguien con quien dejar a su hija, una niña de cinco meses, así que la contrató. Solo traía un pequeño macuto donde guardaba sus escasas pertenencias, le mostró la habitación que ocuparía, en cinco minutos lo tenía todo ordenado y guardado. Lo único que le extrañó fue aquella foto de una mujer pegada por dentro de la puerta del armario, fue casi lo primero que colocó, al preguntarle por ella la joven le contestó que era alguien a quien había amado mucho. No quiso ahondar más en aquella respuesta.

Pasaron los días, la joven se mostraba cariñosa y responsable con la niña, pero tenía una extraña actitud en cuanto a su relación con ella, la madre. Su dedicación era casi exagerada, preparándole exquisitos desayunos, mirándola embelesada... no sabía qué, le hacía sentirse incómoda con aquella extraña joven en su casa.

Ya no podía seguir sintiendo aquel desasosiego y le preguntó si estaba a gusto, si tenía algo que contarle, si quería ver a su familia, la joven le explicó que se sentía muy a gusto y que en su familia no se le había perdido nada, que no quería visitarles. Nunca libraba, era muy fiel, pero había algo en ella desconcertante. Un día le comentó que se parecía mucho a ella, - A quién - preguntó, - A la de la foto que tengo en mi armario - en realidad no había ningún parecido, al menos físico, según observó.

Pasaron un par de meses hasta el  día en que estando en un pueblo cercano haciendo unas compras, recibió un aviso de conato de incendio en su apartamento, afortunadamente la niña estaba con ella, pero de todos modos tuvo que dejar todo para correr a ver qué había pasado, en efecto, Candy, así se llamaba la joven, había olvidado en el fuego un caldero cuyo contenido se evaporó y éste empezó a arder. Todo había quedado en un susto, pero al quedarse solas le preguntó qué le había pasado, la encontró mas rara que de costumbre, sonreía sin motivo aparente, desviaba la mirada, ahora estaba segura, había bebido. Horrorizada avisó a la madre de Candy, la cual le confesó el problema real de su hija, que había pensado que estaba recuperada, le comentó que tenía que llevársela con ella, que no podía estar tranquila dejando a su niña con Candy, al mismo tiempo sintió una profunda pena por aquella familia y por la joven, a la que al parecer le aterraba volver con su madre, así que se ofreció para acompañarla a un especialista que la tratara y ayudara a dejar el alcohol. Ahora tenía dos hijas, con solo veinticinco años.

Candy fue al médico, le pusieron un tratamiento, estaba muy agradecida o eso era lo que a ella le parecía, hasta que un día al acostarse notó algo bajo su almohada, era una carta de la joven, le decía que ella y su hija eran su vida, que las amaba sobre todas las cosas y no quería hacerles daño, que no podía evitar sentir como sentía... Quedó paralizada, ya lo iba entendiendo todo, aquella noche casi no pudo dormir, pensando con qué cara enfrentaría el día siguiente. Por la mañana al salir al salón vio un rostro pintado en las baldosas, era una chica con pelo muy largo, ese dibujo se repetía por toda la casa, era ella, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, se dirigió a la habitación de Candy, la cama perfectamente hecha, el armario abierto, vacío, solo dejó la foto... se había marchado.

lunes, 2 de febrero de 2015

Vivencias...



                                                      

Suspiró recordando aquella tarde, aquella invitación a la merienda. El matrimonio mayor, ella y su pequeña de 10 meses... Después de un rato oyéndoles hablar, se dio cuenta de la terrible realidad, aquella mujer quería tapar el horrible vacío que le había quedado tras la muerte de su pequeña, aquellas personas estaban tratando de convencerla para que les entregara a su hija, lo hacían sin maldad, lo hacían por desconsuelo que ella al mismo tiempo comprendía, pensaban que una joven sola, sin trabajo, quizá accedería pensando en las posibilidades que ellos, americanos ricos, le podrían ofrecer a su niña...

Atolondradamente se levantó y cogió a su niña en sus brazos escapando casi de aquella embarazosa situación. Ellos permanecieron en sus sillas, como petrificados, él, lentamente se levantó y la acompañó hasta la puerta, trató de disculpar la vehemencia de su esposa, dijo que estaba muy tocada por aquella pérdida, que la disculpara...

Con todo aquello detrás quiso marcharse del apartamento que en el mismo edificio ocupaban ella y la niña, pero no tenía posibilidad de saldar la pequeña deuda contraída, habló con el administrador a ver qué solución podrían encontrar, ya que no tenía medios de momento para liquidarla. 

A los dos días el administrador tocó a su puerta, le hizo pasar ya que tenía a la niña en la bañera, allí, sentado en una banqueta del baño, el señor le explicó que ya no debía nada, que alguien que no quería dar su nombre había saldado su cuenta y ya era libre de marchar... 

Las lágrimas corrieron por sus mejillas adivinando de dónde procedía tanta bondad.