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martes, 6 de octubre de 2015

Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro.




                                       



Redes sociales.- Una reflexión sobre su impacto y nuestra vulnerabilidad. Quiero aclarar que empiezo este post, pensando primero que nada en mi misma, soy la primera en decírmelo, pero, sinceramente, me gusta la comunicación, me atrae la diversidad de pensamientos y quiero pensar que aprendo algo con todo esto, también aclarar, que descubro gente genial, amable, solidaria y educada cada día. Así que dicho lo anterior empiezo:

Cuando en una reunión damos nuestra opinión, siempre enseñamos un poco lo que somos, o lo que pretendemos ser. Pero, las palabras se las lleva el viento, luego alguien recordará lo que dijiste, quizá, pero ya será subjetivo, podrá estar teñido de su propio criterio.

Pero cuando lo que opinamos lo escribimos, (este es el caso de las redes sociales), lo que allí plasmamos, aparte de que lo ve infinidad de gente, nunca se podrá eliminar del todo. Ahí es donde está el riesgo que corremos y del que debemos ser conscientes.

Si lo que ponemos lo hemos contrastado y no nos importa lo que los demás, incluso mirando al futuro, piensen, adelante. Pero, la inmediatez de un impulso muchas veces, nos hará delatarnos de una forma que pudiera ser que un día no nos gustara que aquello que escribimos  fruto del apasionamiento del momento, por ejemplo, un hijo, una pareja, un futuro empleo, lo contemplara. Ejemplos de lo que expongo los tenemos muy fresquitos en nuestra reciente política. 

También ocurre en este nuevo mundo digital, en el cual hay mucho afán de protagonismo y los egos andan muy exaltados, que te ponen en situaciones imaginarias, como por ejemplo: "Si quieres a tu madre comparte", o, "Estoy seguro/a que esto solo lo compartirán aquella personas que quieren que se acabe el hambre en el mundo", o, "Dale a me gusta si estás de acuerdo en que fulanito es un ladrón" y así un largo etcétera de manipulaciones en los que muchos caen sin pensárselo demasiado, unas veces por las prisas, otras por la broma ocasional, también por ingenuidad, otras por el insulto fácil y grosero a alguien que no tienes delante... e internet va recopilando, va formando una opinión de las personas, de los egos, en las redes sociales.

Lo que digo es fácil de comprobar, ve y pon tu nombre y apellidos en Google si no lo has hecho ya. Eso no se borra. Ahí se nos ve el plumero a todos y a algunos hasta la basura, de manera, que más vale a veces no contestar o compartir impulsivamente que hacerlo, aunque nos invite a compartirlo nuestro/a mejor amigo/a.  Está en juego nuestra reputación.


2 comentarios:

  1. Una sensata reflexión con la que estoy de acuerdo. Personalmente no estoy en facebook ni en ninguna red social. Más allá del blog y mi correo nada tengo en la red. Y lo que publico ahí está perfectamente asentado.

    Buen texto, Estela.

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    1. Hola Ernesto, muchas gracias de nuevo por tu interés en mi blog. Lo mejor que haces es no estar en las dichosas redes sociales que lo sacan a uno de esa paz interior de la que hablas en tus escritos, yo empecé por trabajo y tengo que confesar que me he quedado "enganchada" en cierto modo, aunque también lo hago por estar más cerca de los míos, por saber de ellos, de los que están lejos, de los que no escriben ni llaman, pero están ahí en las redes, (Paradojas de la actualidad)...Por cierto, mi nombre es Maru y una vez más te reitero mi agradecimiento por tu interés. Un saludo afectuoso, Ernesto.

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