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lunes, 30 de noviembre de 2015

Y llegaste tú...




Cuando ya era una sombra en el tiempo
cuando desapercibida iba viviendo
cuando los días eran iguales y las noches frías
cuando el cansancio me podía
las ganas me faltaban y la ilusión se disipaba
cuando las ausencias clamaban...

Entonces, apareciste tú
a llenar mi vida de risas
a alborotar mis prisas
a apasionar mis días
a dar sentido a tantas horas idas.

Sin saberlo, sin proponértelo,
simplemente siendo
llenaste de nuevo mi vida
me miraste y me viste
me hablaste y me escuchaste.

Me hiciste sentir importante
y te ofrecí mi vida entera
pero tus planes eran otros
volviste sobre tus pasos
decidiste renunciar

Era mucha la expectativa 
no estabas dispuesto a claudicar
a volver a ser feliz
a reiniciar lo andado
a olvidar lo pasado...








jueves, 12 de noviembre de 2015

Mientras el ego domina...




Otra vez discutían, gritaban, se insultaban, bajó la escalera, allí estaban, como tantas veces, desde su escondite los miraba, sin poder hacer nada, solo taparse los oídos y llorar...

Salió al jardín, miró las rosas, eran tan bellas, los árboles, el cielo, aunque nuboso dejaba entrever su azul celeste, la luna ya aparecía en un atardecer todavía claro. Abrió la puerta de la cancela y salió a la calle, primero caminando, luego corriendo huyó de aquel horror que era su vida, su casa, sus padres...

No quería pensar en ello, quería solo admirar cuanto de bueno encontraba a su paso, anhelaba la paz, el sosiego que parecía haber dentro de las casas de aquella lujosa urbanización, deseaba sentirse tranquila, sin sobresaltos, segura. ¿Era pedir mucho? 

Entró en el parque , silencio, cantos de pájaros, el viento movía las hojas de los árboles produciendo un breve murmullo que a ella se le antojaba música, en el pequeño lago seguían los cisnes y patos en su apacible paseo por aquellas aguas tranquilas, se quedó un rato absorta, contemplando...

De repente, una mano en su hombro, miró hacia arriba, allí estaba él, un anciano de cabello blanco que la miraba con dulzura. -¿Cómo te llamas? - Quiso saber- Ana- contestó tímidamente. -¿Cuántos años tienes?- Seis- Y tus padres, ¿Dónde están?- Discutiendo, en casa.- 

-Dame la mano, te acompañaré hasta tu casa, no puedes estar sola en la calle- Gracias- le dijo, -No se preocupe, ya estoy sola en la vida- dijo bajito, se agarró de aquella mano cálida y se dejó acompañar...