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lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuando las expectativas superan la realidad.



Y la ilusión decreció, lo que parecía inalcanzable y por ello deseable, al realizarse se tornó monotonía, las originalidades se volvieron aburrimiento, la novedad hastío, así el despertar fue duro, la realidad se presentó como grotesca imagen de una desesperación amarga, los días transcurrían sin vida en ellos, el anhelo de lo lejano se iba haciendo cada vez más patente, había caído el velo y el paisaje se mostraba auténtico, árido, sin retoques, vacío y sin luz. 

De repente, como un castillo de naipes viniéndose abajo cayeron los proyectos compartidos, las esperanzas forjadas, a un leve suspiro de desavenencia siguieron multitud de reproches, de decepciones hasta ahora calladas, de soledades silenciadas, nostalgias acalladas. La tristeza se coló en el alma y con su frío manto fue haciéndose  dueña y señora, las preguntas sin respuestas, las razones sin explicación, una maraña de sentimientos difíciles de dominar.

Cuando el amor se vuelve débil y los recuerdos no pueden compensar el desconsuelo porque ya no sirven, porque todo lo que tuvo importancia en un principio, ya ahora, no importa.

Pero tienes herramientas, esas que te ha enseñado tu vida, las que has aprendido de tus experiencias, las que te darán la llave de la nueva puerta que has de abrir después de haber cerrado la que tendrás que atravesar, con dolor, ese sufrimiento solo es una circunstancia pero no eres tú, tú eres ese ser que caminando crece, que soltando lastre fluye, que escala por montañas escarpadas y navega por mares calmos, sin desfallecer, porque sabe que cada amanecer trae una nueva luz y cada crepúsculo amortigua día a día el dolor ofreciéndonos la oportunidad de empezar de nuevo, más ligeros, más sabios si hemos sabido aprehender lo acontecido, pues la vida es eso, eso que nos va pasando y que parece una broma, una tomadura de pelo a veces, pero no, es el devenir normal de una existencia plena y está ahí, delante de nosotros para que aprendamos, para que crezcamos. 

Para que sintamos con fuerza el AHORA.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Mientras el ego domina...




Otra vez discutían, gritaban, se insultaban, bajó la escalera, allí estaban, como tantas veces, desde su escondite los miraba, sin poder hacer nada, solo taparse los oídos y llorar...

Salió al jardín, miró las rosas, eran tan bellas, los árboles, el cielo, aunque nuboso dejaba entrever su azul celeste, la luna ya aparecía en un atardecer todavía claro. Abrió la puerta de la cancela y salió a la calle, primero caminando, luego corriendo huyó de aquel horror que era su vida, su casa, sus padres...

No quería pensar en ello, quería solo admirar cuanto de bueno encontraba a su paso, anhelaba la paz, el sosiego que parecía haber dentro de las casas de aquella lujosa urbanización, deseaba sentirse tranquila, sin sobresaltos, segura. ¿Era pedir mucho? 

Entró en el parque , silencio, cantos de pájaros, el viento movía las hojas de los árboles produciendo un breve murmullo que a ella se le antojaba música, en el pequeño lago seguían los cisnes y patos en su apacible paseo por aquellas aguas tranquilas, se quedó un rato absorta, contemplando...

De repente, una mano en su hombro, miró hacia arriba, allí estaba él, un anciano de cabello blanco que la miraba con dulzura. -¿Cómo te llamas? - Quiso saber- Ana- contestó tímidamente. -¿Cuántos años tienes?- Seis- Y tus padres, ¿Dónde están?- Discutiendo, en casa.- 

-Dame la mano, te acompañaré hasta tu casa, no puedes estar sola en la calle- Gracias- le dijo, -No se preocupe, ya estoy sola en la vida- dijo bajito, se agarró de aquella mano cálida y se dejó acompañar...

martes, 27 de octubre de 2015

La princesa triste.












Había sido una niña buena, siempre hizo lo que se esperaba de ella, estudió, se preparó como sus padres querían, siempre agradando a los demás, siempre perfecta, como había aprendido con los ejemplos de su familia. Que nadie tenga nada que decir de familia tan honrosa. Así creció, pensando que los otros admiraban su buen hacer, su buen vestir, su vida completa.

Así pasaron los años, viajando, aprendiendo, prosperando, se convirtió en una bella y eficiente mujer. Un día le conoció y apasionada como era se enamoró locamente de él. Pensó que su amor lo haría cambiar, le haría despojarse de su inmenso egoísmo... para descubrir la cruel realidad, nunca cambiaría.

Luchó por su sueño, por su amor, por su familia. Su fortaleza la hacía volver a creerle, volver a confiar, pero de nuevo le fallaba, ella se sentía culpable, sentía que no podía colmar la inmensa virilidad que él le hacía creer que no podía dominar, él se le mostraba como un ser superior, disculpaba sus deslealtades con argumentos miserables como que ella no era la amante que deseaba. Pensaba que la quería, de hecho, se lo repetía a menudo, ella era su princesa, la reina de su casa, sus devaneos nada tenían que ver con la buena marcha de la familia, le demostraba celos incluso, no podía ser verdad, no podía creer lo evidente, lo que era una mentira a voces, a ella no le podía estar pasando. Lo había dado todo, todo y más, pero a él no le bastaba.

¿Era él un maltratador psicológico?, ¿Era ella una víctima inconscientemente?, estaba sola, se sentía sola, necesitaba mucha fuerza para romper lo que era toda su vida, necesitaba un poder de decisión que le faltaba, educada como había sido en el seno de una familia católica y muy tradicional, tampoco podía decepcionarles a ellos, no quería hacerles daño, así que seguía sola...