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martes, 27 de octubre de 2015

La princesa triste.












Había sido una niña buena, siempre hizo lo que se esperaba de ella, estudió, se preparó como sus padres querían, siempre agradando a los demás, siempre perfecta, como había aprendido con los ejemplos de su familia. Que nadie tenga nada que decir de familia tan honrosa. Así creció, pensando que los otros admiraban su buen hacer, su buen vestir, su vida completa.

Así pasaron los años, viajando, aprendiendo, prosperando, se convirtió en una bella y eficiente mujer. Un día le conoció y apasionada como era se enamoró locamente de él. Pensó que su amor lo haría cambiar, le haría despojarse de su inmenso egoísmo... para descubrir la cruel realidad, nunca cambiaría.

Luchó por su sueño, por su amor, por su familia. Su fortaleza la hacía volver a creerle, volver a confiar, pero de nuevo le fallaba, ella se sentía culpable, sentía que no podía colmar la inmensa virilidad que él le hacía creer que no podía dominar, él se le mostraba como un ser superior, disculpaba sus deslealtades con argumentos miserables como que ella no era la amante que deseaba. Pensaba que la quería, de hecho, se lo repetía a menudo, ella era su princesa, la reina de su casa, sus devaneos nada tenían que ver con la buena marcha de la familia, le demostraba celos incluso, no podía ser verdad, no podía creer lo evidente, lo que era una mentira a voces, a ella no le podía estar pasando. Lo había dado todo, todo y más, pero a él no le bastaba.

¿Era él un maltratador psicológico?, ¿Era ella una víctima inconscientemente?, estaba sola, se sentía sola, necesitaba mucha fuerza para romper lo que era toda su vida, necesitaba un poder de decisión que le faltaba, educada como había sido en el seno de una familia católica y muy tradicional, tampoco podía decepcionarles a ellos, no quería hacerles daño, así que seguía sola...


miércoles, 11 de febrero de 2015

Corazones rotos.






Cada tanto lo hacía, se sentaba en la mesa del comedor verde, aquél de estilo moderno con las patas hacia afuera, años 60, lo había elegido ella, que era muy moderna, les decía - Niños, vengan y siéntense aquí conmigo, vamos a ver el mapa, para que sepan dónde está papá y lo que vamos a recorrer cuando nos vayamos con él- Los niños ya no la creían demasiado, porque esa escena se repetía hacía meses, años, pero se seguían  sentando con ella, porque querían creerla.

Entonces empezaba - Nosotros estamos aquí, ¿Lo ven? son unas islas chiquitísimas muy cerca de África, tendremos que ir en barco, pues con todo lo que nos llevaremos en avión sería imposible, seguro que la mercería pronto la podré traspasar, hoy ha estado un matrimonio hablando conmigo y parece que esta vez va a funcionar, como no funcione, deberá ser que el local tiene una maldición, entonces buscaré a una señora que he oído quita los males y así será más fácil, traspasaremos y nos iremos- Aprendían geografía, eso sí, especialmente rutas entre España y Sudamérica... pero nunca hicieron aquélla ansiada ruta, nunca volvieron a verlo, la distancia pudo más, pudo con él, con el amor, con todo, se impuso como una losa pesada sobre sus vidas y ya no enviaban fotos, ni cartas, ya no tenían esperanza, ni ellos ni la madre, que cambió la mercería por otro negocio, que buscó denodadamente cómo sacar a sus hijos adelante, sola, muy sola, con sus pequeños testigos de corazones rotos. 

A veces, volvía a las andadas y les proponía irse a Australia, pues allí las mujeres tenían las puertas abiertas, entonces, de nuevo sacaba el atlas y ellos sonreían dulcemente, ahora podrían ir en avión quizá, mas ligeros de equipaje...

¿Cuándo se deshizo el encanto?, ¿Cuándo quiso olvidar lo inolvidable?, ¿Qué pasó muy dentro de él que rompió su pasado en mil pedazos que nunca más volverían  a unirse?, los días siguieron pasando y con ellos los meses y los años, como pesados lastres que el tiempo fue desgastando con su continuo fluir sin ruido, sin señales, inexorable...


martes, 7 de octubre de 2014

Los que se quedan...








Entró en el bar y pidió un café. Absorta en sus pensamientos se sorprendió cuando al levantar la cabeza se encontró a su amiga frente a ella. -Hola, ¿Cómo va todo, y tus hijos?- Hacía tiempo que no se veían...

Le respondió con un -Bien- que sonaba un poco pobre dada la relación que tenía con aquella persona, pero, no quería ahondar en sus sentimientos y vivencias aquel día, no podía. Sus hijos estaban bien, afortunadamente, pero lejos, dos de ellos, muy lejos, y eso le dolía, le dolía no poder tocarlos, besarlos, mirarlos de cerca, no por ese puñetero skype... Admiraba sus decisiones de irse de un país que nos los reconocía, de tratar de  mejorar sus vidas, porque en realidad era así, eran sus vidas... pero ella, algunas veces no podía soportarlo, no podía renunciar a echarlos de menos, no se quejaba, pero sentía que esa era su realidad y que no podía cambiarla, era también consciente de su gran suerte por las posibilidades que sus chicos habían tenido de poder marchar, de que les fuera bien en sus aventuras, de su salud... pero a veces todo ello se derrumbaba y llegaba el desconsuelo, con una canción, con un poema, con otra historia... -Están muy bien- repitió a su amiga.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Corta historia de una vida sin envidias.

De carencias, tristeza, desengaños, desconsuelo, trabajo y coraje, alguna idea tengo. 



Aquéllos que hoy en día proclaman a los cuatro vientos su lucha por el cambio junto, desgraciadamente más de una vez, a insultos y desprecios hacia los demás, me gustaría contarles una historia como tantas otras pueden haber en esta España y a lo largo del ancho mundo, una historia de trabajo, de fuerza y de coraje, ingredientes indispensables para salir adelante a pesar de las adversidades.

Ella nació en país lejano, de padres emigrantes, trabajadores en busca de una vida mejor, lo consiguieron, progresaron y llegaron hasta tener una casa en propiedad. Pero la añoranza venció a la sensatez y decidieron vender todo, dejar todo en aquel país y volver a España, años 60. Con el capital que traían se hicieron con una pequeña empresa que compraron a un hermano del padre, así estuvieron unos pocos años hasta comprobar que se habían equivocado, que no era fácil salir adelante siendo pequeño empresario en aquéllos tiempos. Así que de mutuo acuerdo decidieron que la mejor decisión era volver a emigrar...esta vez el padre marchó solo, con la promesa de volverse a encontrar con su familia una vez tuviera un trabajo que se lo permitiera. Nuestra protagonista se quedó en estas tierras, con su madre, con sus hermanos pequeños.

jueves, 28 de agosto de 2014

28 Agosto. Un año de aventura alemana.

                                                                
                       
                                    


Parece que fue ayer cuando nos comunicaste tu decisión de marchar a probar suerte en Alemania. Mi primera reacción fue de rechazo, lo reconozco. Más después y como suelo hacer, me dije a mi misma que quizá era lo mejor que te podía pasar, el idioma sumado a tus ya más que probadas aptitudes en tu profesión serían una buena baza para seguir en la brecha y progresar profesionalmente allí o aquí, si volvieras algún día. Así que empecé a estar cada vez más animada por ti y por tu principal motivo para el cambio, que no era otro que el estar con tu amor.

Apasionado como eres empezaste la gran aventura, llegaste, viste y venciste, ya que a los pocos días estabas trabajando en lo tuyo con el ánimo que te caracteriza. Aprendiendo el idioma y mejorando día a día. Ha pasado ya un año y tus progresos me dicen que hiciste lo mejor que podías hacer, vista la evolución y el giro que ha dado tu situación.

Es duro estar  tan distanciados, pero siempre nos quedan las vacaciones, somos afortunados por poder vernos y estar juntos, como este verano, en tu isla, en tu tierra, en el sitio al que quizá un día vuelvas con tu familia a pasar largas temporadas, como hacen los turistas que nos visitan. Ojalá !!

Te quiero.