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miércoles, 12 de febrero de 2025

Resiliencia vital.


 En su caso, el único maltrato que había sufrido por parte de un hombre había sido el abandono del progenitor. No es poca cosa, pues deja una marca indeleble en la vida de cualquier persona.

Con los años trató de entenderlo, y lo buscó, lo buscó por medios oficiales, pues ni sus tíos, hermanos del sujeto en cuestión le quisieron dar su ubicación. Le escribió, pero ni él mismo supo justificarse, muy al contrario devolvió todo su veneno en frases lapidarias que ni siquiera quiere repetir.

Pero, fue un camino de aprendizaje temprano que la ayudó a crecer, a aprender que no todos los hombres son así, que se puede confiar, tener esperanza, amar sin miedo, levantarse y seguir erguida por la vida.



sábado, 7 de enero de 2017

Una triste historia verídica. ( Podría ser, que alguna sensibilidad se sintiera herida).




Subió al autobús escolar, su mamá le dio un cariñoso beso como siempre hacía para despedirla sin imaginar que ese día su querida niña experimentaría una de las jornadas más terribles de su vida.

Por aquellos años los autobuses no estaban obligados a llevar acompañantes como tampoco a tener las puertas cerradas. Hicieron varias paradas más, en el primer asiento, justo encima de la puerta delantera viajaban dos niñas. El chofer arrancó y al momento, sin que las alumnas se percataran de cómo había ocurrido, un brusco frenazo hizo que la niña que iba sentada en el pasillo saliera disparada por aquella puerta abierta, las ruedas traseras pasaron por encima de su cuerpecito, el conductor, desesperado bajó para descubrir horrorizado lo ocurrido. 

En medio de aquel susto, las niñas gritando, llorando, él no sabía qué hacer, los transeúntes se agolpaban al ver lo ocurrido, lo que que se le ocurrió fue subir a la niña accidentada, la puso en el pasillo, arrancó de nuevo y se dirigió al colegio, mientras tanto las alumnas aterrorizadas hacían toda clase de conjeturas. 

El hombre lloraba mientras conducía, tan asustado como sus pasajeras. Llegaron al colegio donde había mucha gente esperando y policías, tuvieron que pasar por encima de todo aquello, una a una, las niñas fueron ayudadas a bajar, no entendían qué estaba pasando. 

Los padres fueron llegando a recogerlas. Preguntó a su madre qué  le había pasado a su compañera, que si estaba muerta, su madre le contestó que posiblemente podrían vendarla y curarla, pero ella había visto el dantesco espectáculo, no entendía cómo iban a arreglar aquel cuerpo...

A partir de entonces, muchas noches, desde sus cuatro añitos, soñaba con su compañera, la veía vendada de la cabeza a los pies, sentada en el alféizar de una ventana mirando al cielo, su mamá, junto a ella, le contaba cuentos de fantasías felices...

sábado, 19 de marzo de 2016

El padre que creyó en la humanidad.



¿Dónde quedó tu esperanza?. 
¿Quién destruyó tus sueños?
Creíste que huyendo con ellos
un mundo compasivo te esperaría.

Creíste, en tu desesperación 
que los otros lo comprenderían 
que los Derechos Humanos
estarían vigentes... se respetarían 

Con lo puesto emprendiste el camino
sin mirar atrás, queriendo evitarles un horror
los metiste en otro peor:
hacerles saber que nadie les esperaba.

Ahora estás perdido
los miras con profunda pena
te preguntas adónde los has dirigido
pero, ¿Qué podías hacer?

Y yo estoy aquí sabiéndote,
impotente, queriendo cambiar la situación 
sin poder, sin hacer, sin luchar...
¿En qué me he convertido?

Una tristeza profunda me invade
se instala en mi alma 
toma posesión de mis pensamientos 
quiero dejar de pensarte

desearía no saber, no ver
querría pensar que no me concierne,
si nada puedo hacer...
debería dejar que otros solucionen tu situación...

Esperar que tú y tu familia
algún día, en algún lugar
vuelvan a vivir la dignidad que se merecen
puedan olvidar el desprecio que hoy hiere el alma.

Y es que es lo mas insoportable saber,
que la historia se repite,
una y otra vez, que siempre está el dolor
inevitable, inexorable, palpable y sin solución ...

viernes, 23 de octubre de 2015

Cuentos para Lucien. La artista.

Érase una vez, una familia muy feliz. Papá, mamá, Guillermo y Alicia. También estaban la tía Ana, el tío Javier y las primas Dulce y Eva, esta anécdota va de ellos.
Dibujo de Lucien

Una tarde, paseando por la plaza los ocho, decidieron sentarse a tomar un zumo los mayores y los peques fueron a corretear por la inmensa explanada donde habían plantas con flores de todos los colores, los cuatro primos disfrutaban muchísimo jugando y saltando, escondiéndose y encontrándose.

De repente, Guillermo vio que una señora estaba sentada en el suelo pintando un precioso mural con colores increíbles, era una artista, también se fijó en un sombrero donde la gente depositaba monedas, como la pintura de aquella señora le gustaba tanto, se lo dijo a sus primos, que acudieron entusiasmados a contemplar aquella obra de arte.

Después de un rato de estar mirando, Eva dijo que quería ponerle unas monedas en el sombrero, porque le gustaba mucho lo que pintaba, que era un caballo al galope libre por un prado verde. Así que se fue corriendo a la mesa donde estaban los mayores y dirigiéndose a su madre le pidió dinero para la pintora. Su madre, levantándose de la silla se acercó a ver lo que tanto admiraba a la niña, cuando lo vio quedó fascinada, le dio la monedita a su hija y esta la depositó en el sombrero, al verla, Guillermo fue a hablar con su madre para hacer lo mismo, ya que también quería ayudar a la señora artista, su madre, sin apenas ver lo que estaba pintando aquella mujer, solo pudo fijarse en que la señora tenía un aspecto diferente, vestía con falda larga y estaba un poco desaliñada, tampoco le gustó la forma en que estaba sentada en el suelo, así que sin más miramientos dijo: -Hijo, a mamá no le gustan ese tipo de personas, ven con nosotros y dejen ya de estar ahí mirando.- 

Guillermo y los demás niños se quedaron muy tristes, para ellos la señora era admirable por lo que hacía, no se habían fijado en cómo iba vestida o peinada, ellos, como niños, no tenían problemas en aceptar a la gente como es, pensaron que algunos mayores se complicaban demasiado la vida fijándose en tantas cosas que no eran tan importantes. 

jueves, 7 de mayo de 2015

Cuentos para mis nietos. Lupi el pajarito.

Lupi era un pajarillo que vivía en una granja rodeado del cariño de sus padres y hermanitos.  Ayudaba en todo lo que podía, recogía ramitas y bichitos para tener almacenada la comidita que más les gustaba a los pajaritos.
                                              
Foto de Néstor M. Garavito
En las afueras de la granja había también familias de pajaritos que apenas tenían comida, así que Lupi siempre que podía cogía del almacén algunas hojitas, ramitas y bichitos y los repartía entre las familias que no tenían tanta suerte como él.
                                       
Foto de Néstor M. Garavito
      
Pero había una cosa que a Lupi no le gustaba. En la misma granja, había otra  familia de cotorras, ellas comían todo lo que encontraban, disfrutaban de la abundancia. 
                                            
Foto de Néstor M. Garavito
Un día, las cotorras invitaron a Lupi a comer, pero a cambio, tenía que coger del almacén que sus papas cuidaban con tanto esmero, un montón de comidita para regalar a aquéllas cotorras para su reunión. También le dijeron que se tenía que poner un precioso traje de fiesta para ir.
                                       
Lupi, que era muy sensato, pensó: si me hago un traje nuevo, tendré que cambiarlo por un montón de ramitas, bichitos y hojitas, además, ¿Las cotorras para qué quieren tanta comida si ya tienen un montón?, ellas viven lujosamente. No entiendo su necesidad.

Así que se fue a la fiesta con su vestido de siempre y llevó solo unas pocas cositas como bichitos secos y hojitas. Al llegar, los invitados le miraron recelosos y cuchicheaban entre ellos - Mira a Lupi, va como si no tuviera suficiente para ponerse un nuevo vestido y qué poca comida ha traído..., es un tacaño - 
                                             
Foto de Néstor M. Garavito
Cuando terminó la fiesta, en la que Lupi no se divirtió demasiado, volvió a su hogar. Estaba triste, porque aquéllos amigos no lo comprendían, él no entendía para qué se ponían trajes nuevos cada vez que salían, si el que tenían no estaba roto ni nada, sentía pena por las cotorritas que si no tenían muchas cosas estaban tristes.

Al día siguiente, llamaron a su puerta, una familia de pajaritos estaba en apuros, habían tenido muchos hijitos y unos niños les habían destrozado su nido, ahora tenían que empezar por el principio y con los bebés llorando todo el rato pio, pio, pio, así que necesitaban comida urgente, Lupi fue al almacén, sacó todo lo que pudo para ayudar a esta familia, también les llevó muchas ramitas con hojas para abrigarse, acumuló todo lo que pudo para ayudarles, todo lo que encontró para que estuvieran bien.

Y es que Lupi sabía dónde estaba la verdadera necesidad y le gustaba ayudar a los demás, con eso era con lo que él era feliz, pero las cotorras no sabían este secreto de Lupi y lo juzgaban sin conocerlo. No deberíamos hablar de los demás sin saber las razones que tienen para hacer lo que hacen o decir, lo que dicen.