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jueves, 30 de marzo de 2017

Titulitis aguda.





Levantó la mirada para dirigirse a sus ojos, lo que acababa de escuchar era tan cruel a sus oídos que estuvo a punto de reaccionar apasionadamente, de contarle cómo había sido su adolescencia, su juventud, porqué no tenía un título universitario como él, que se jactaba de ello y recriminaba a los que no habían "estudiado" diciendo que mientras él "estudiaba" los que no lo habían hecho habían tenido ese tiempo para divertirse, para dormir, que ahora había que distinguir el esfuerzo de unos y la holgazanería de los otros.

Pensó en sus diecisiete años, levantándose a las seis, caminando una hora hasta su trabajo de administrativo, haciendo horas extras los fines de semana para ganar algo más, volver de nuevo caminando cuesta arriba a su casa, lo hacía además con esa alegría que pone la juventud, con el alma liviana, de la misma manera que a final de mes el sobre completo de su salario iba a parar a las paupérrimas arcas familiares para la colaboración obligatoria de la manutención de sus hermanos y madre, su padre había abdicado de sus obligaciones como tal. Algunos meses le costaba no quedarse con nada para él, tiraba el sobre en el aparador de mala manera y su madre le reprendía, diciéndole que dios le castigaría por su forma de actuar.

Estaban en el comedor de profesores, aquél incauto arrogante titulado universitario tenía un título, habría aprendido a dar clases a los alumnos, pero en realidad, no sabía nada, su vanidad no le dejaba ver, su ego le impedía saber ser, era un contenedor de conocimientos prácticos adquiridos, que le servían para eso, dar clases, pero interiormente se le antojaba a él vacío, así que calló, no contestó a la provocación, prefirió dejarle que siguiera su camino en la senda que había elegido, que tardara un poco más en encontrar lo verdadero, si es que alguna vez lo encontraba, esa, fue para él la mejor reacción.


12 comentarios:

  1. Existen esos personajes, hombres y mujeres. Yo tampoco pude llegar a un titulo universitario porque debí trabajar,para ayudar a mi familia, también me levantaba a las seis de la mañana y siete y media entraba al trabajo. Estoy orgullosa de la vida que me toco en suerte, lo que me faltaba lo aprendí en los libros y a veces encuentro que muchas universitarias no saben responder a preguntas que surgen en un taller literario y pienso qué estudiaron.

    Que la vida les enseñe o que se vayan de naces al suelo, perdón por lo grosera.
    mariarosa

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    1. Así es María Rosa, de todas formas y como dice uno de mis hijos, en este mundo tiene que haber de todo, jajajaja si aprendemos, estará bien. Un fuerte abrazo.

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  2. Como se dice el hábito no hace el monje, un titulo no lo hace todo, tan solo abre caminos pero si no se sabe hacer buen uso él de poco sirve.
    Un abrazo.

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    1. Afortunadamente creo que la mayoría de los que tienen títulos sacan ese provecho del que tu hablas Mari-Pi-R es siempre una minoría la que no ve lo que tiene delante. Un fuerte abrazo.

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  3. El mejor título que hay es el de la vida... Ya que por esa aula pasamos todos. Ricos, menos ricos, activos, menos activos, guapos, más guapos... jajajajajjaa...

    En fin querida María, ¿por qué será que desde siempre tus textos rezuman una «proximidad» tan tan...

    Cierto que en la universidad de la vida prima y mucho lo vivido y la forma de vivirlo!

    Un abrazo, amiga.

    PD: Hay un misterio ahí, latente, que bulle por expresarse... ¡Cualquier día!

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    1. Ernesto, tú sí que eres un misterio. Pásate por mi nuevo blog de cuentos que te he dedicado el último, jajajajaj ya me dirás qué te parece: laabuelacuentista.blogspot.com fuerte abrazo amigo.

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  4. El título de buena persona no se consigue siendo universitario, un abrazo Maru!

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    1. Seguro que no, de todas formas hay personas (o habemos) que vamos equivocadas por la vida, hasta que una luz se nos enciende. Gracias por pasarte por aquí, fuerte abrazo.

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  5. Reacción admirable he de decir, porque no todo el mundo sabría acallar la ira y su verdad para restregársela a ese ser incompetente en lo que a humanidad se refiere...
    la vanidad es un saco amplísimo donde cabe mucho, pero que con muy poco se puede romper como cualquier otro y diluirse...eso debiera aprenderlo todo el mundo antes de mofarse de los demás.
    Besos.

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  6. Está claro, o al menos yo lo tengo claro, que los títulos por sí mismos no dan maestría ni sabiduría.
    Pueden ayudar a desempeñar una profesión con dignidad, siempre que no caigan en manos de un "incauto arrogante" como señalas.
    Y lo que es la vida, va por otros cauces.
    Un abrazo Maru.

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  7. Maru, yo también pienso que la mejor escuela es la vida, esa te da todos los títulos juntos. Unos buenos, y otros menos buenos...
    Un abrazo.

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  8. Es que hay algunos que creen que por tener un título universitario están por encima de todo el mundo, son de los que han pasado por la universidad pero la universidad no ha pasado por ellos. Siempre me ha parecido que a este tipo de personas arrogantes y estúpidas lo mejor es no hacerles ni caso o como dice tu protagonista ya se lo encontrará.
    Como contaba en mi último relato hay muchas mujeres y hombres sabios que nunca han pasado por la universidad y eso no les resta ni un ápice de sabiduría, son grandes y han hecho grandes cosas.
    Un abrazo

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