Entró en el bar y pidió un café. Absorta en sus pensamientos se sorprendió cuando al levantar la cabeza se encontró a su amiga frente a ella. -Hola, ¿Cómo va todo, y tus hijos?- Hacía tiempo que no se veían...
Le respondió con un -Bien- que sonaba un poco pobre dada la relación que tenía con aquella persona, pero, no quería ahondar en sus sentimientos y vivencias aquel día, no podía. Sus hijos estaban bien, afortunadamente, pero lejos, dos de ellos, muy lejos, y eso le dolía, le dolía no poder tocarlos, besarlos, mirarlos de cerca, no por ese puñetero skype... Admiraba sus decisiones de irse de un país que nos los reconocía, de tratar de mejorar sus vidas, porque en realidad era así, eran sus vidas... pero ella, algunas veces no podía soportarlo, no podía renunciar a echarlos de menos, no se quejaba, pero sentía que esa era su realidad y que no podía cambiarla, era también consciente de su gran suerte por las posibilidades que sus chicos habían tenido de poder marchar, de que les fuera bien en sus aventuras, de su salud... pero a veces todo ello se derrumbaba y llegaba el desconsuelo, con una canción, con un poema, con otra historia... -Están muy bien- repitió a su amiga.