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lunes, 24 de febrero de 2025

El despertar tardío.



Hallábame yo en mi gimnasio entrenando mi cuerpo serrano  cuando al encontrar uno de los ejercicios propuestos muy difícil,  de broma, comenté a mi entrenador de unos veintimuchos años que pronto me iría a hacer ejercicios más sencillos al Club de la Tercera Edad, pues con mis setenta y cinco añazos no me veía yo para mucho más tiempo con esa marcha gimnástica,  a lo que me contestó: -Pues mi abuela,  de setenta y dos años ya quisiera yo que tuviera tu agilidad y fuerza además de tu actitud,  siempre le digo que se mueva,  pero ella no hace caso-


Después de oír esas palabras fue como un despertar a la vejez, es más,  como un mazazo. ¿Su abuela? Pensé,  de repente me dí cuenta de que ya no estoy a la altura de sus madres, no, sino de sus abuelas. Alucinante,  pero,  la culpa de todo esto yo sé quién la tiene. Mis hijos, que me ha hecho abuela tan tarde y claro,  con nietos tan pequeños yo estaba segura de que era una joven,  pero no, hoy me han abierto los ojos a mi realidad.  Ahora tengo que empezar a aceptarlo, me va a costar porque no me siento vieja en absoluto,  me encuentro en una etapa tremendamente fructífera y llena de energía,  no entiendo cómo he llegado hasta aquí,  no me lo creo. Voy a mirar en Google a ver si encuentro una explicación. 

miércoles, 20 de julio de 2016

Que viene mi segundo nieto...


                                                  
                                                



En primavera, un precioso día de mayo, concretamente el veintitrés, me enteré de tu incipiente existencia. 

Las lágrimas de tu padre me hicieron saber que ya era más tu padre que mi hijo...y eso me llenó de orgullo, de una emoción interna que me decía que lo había hecho bien, que lo que siempre deseé se estaba cumpliendo, la madurez llega cuando te responsabilizas de tu propia vida, pero cuando desde esa madurez se decide responsabilizarse además de una nueva vida, es para mi un signo de distinguida generosidad. Eso es lo que vi en la emoción contenida de mi querido hijo.

Ahora estamos todos tan felices y tú tan chiquitita o chiquitito... Espero que estés en paz siempre como lo estás ahora, en tu inconsciencia aceptas lo que se te da sin cuestionarte absolutamente nada, confiando en la vida, en tus padres, porque de todas formas, no podrías hacer otra cosa, pero al mismo tiempo se puede aprender mucho de ti, de un ser que sin pensar todavía , simplemente es, sigue adelante en la etapa que existe, para llegar mas allá, para crecer, para un día nacer y convertirte en un ser humano completo. 

Ojalá entonces sigas evolucionando con la misma fe que lo haces ahora, con la misma paz y sosiego y que ese sentimiento te acompañe a lo largo de tu vida.

Ya te quiero, pequeño ser.