domingo, 18 de septiembre de 2016

Astucia de abuelita.




La niña no comía. De ninguna manera, no le gustaba nada, además estaba muy delgada. Su madre, la abuela de la pequeña, insistía en que le diera una copita de Quina San Clemente, que eso era inofensivo, que abría el apetito. Ella insistía en que con seis años no se debe ingerir ni una gota de alcohol, que no, la llevaría al pediatra y consultaría con él, pensaba que Eva no estaba bien alimentada y le preocupaba la situación. El médico le dijo que no se preocupara, que simplemente le diera de comer lo que la niña deseara y que ya comería de todo cuando fuera creciendo.

Llegaron las Navidades, el día de Reyes acudieron a casa de la abuela como era la costumbre, verían qué les habían dejado sus majestades en aquella casa. En el zapato de Eva habían muchos regalitos, pero a su madre, el que más le llamó la atención fue la botella de Quina San Clemente con un cartel que rezaba: "Para ti, Eva. Debes tomarte una copita cada día y verás que bonita te pondrás." Firmado: Melchor, Gaspar y Baltasar.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Historia de un corto romance.



    
Le vio desde la terraza, ella estaba sentada tomándose un refresco, él pasó con su Alfa deportivo, llamó inmediatamente su atención por su gran atractivo, pasó como una ráfaga. Ella había llegado el día anterior, quería comenzar una nueva vida lejos de todo lo conocido hasta entonces, estaba inmersa en un sentimiento de libertad como desde hacía mucho tiempo no sentía. Allí en una terraza de Marbella mirando al mar, se sintió la más importante al mismo tiempo que la más insignificante, pero le gustaba.

Tenía que encontrar un trabajo pronto, pues sus ahorros no le iban a durar siempre, le habían comentado que en Puerto Banús habían muchos negocios y quizá habría algo, ahora que empezaba la época vacacional. En un autobús  se dirigió a ese destino, cuando llegó le deslumbró el lugar, los barcos, los cochazos, las tiendas, los restaurantes, en un pequeño muelle de nada habían construido el imperio del lujo. Curiosa, comenzó a recorrer las dos únicas calles de que se componía aquel famoso destino turístico. 

Entró en una boutique, "Enrico II" se llamaba y estaba en la calle de atrás, enseguida se dirigió a ella Enrico, el dueño, mejor dicho uno de los socios dueños de la tienda, le dijo que buscaba trabajo, en ese momento ellos no necesitaban a nadie, pero su amigo Jousef, tenía una tienda en el paseo justo delante del muelle, pegado al Restaurante Antonio, le llamaría diciéndole que ella iba hacia allí, al salir, notó que la miraban insistentemente, era él, el chico guapo del Alfa, era el socio de Enrico, se llamaba también Enrico, los presentaron, una corriente de simpatía fluyó casi de inmediato entre ellos. Quedaron en que les comunicaría si tenía éxito con Jousef, se despidió alegremente.

Funcionó, Jousef era un libanés de lo más simpático, casado con una danesa, tenían dos afganos preciosos a la entrada de la tienda que le daba un aire de lo más distinguido. El lunes siguiente estaba trabajando de dependienta en aquella tienda donde iba lo mas surtido de la jet set marbellí. Justo al lado, separado por unos setos estaba el restaurante mas solicitado y enfrente unos yates que quitaban el hipo. 

Una noche, cuando casi había terminado el guapo Enrico pasó a verla, le preguntó si le apetecería cenar con él y su socio, fueron a un italiano allí mismo, la mujer del otro Enrico era un encanto, pasaron una velada genial. Como ella vivía en las afueras, Enrico la llevó a casa en su Alfa, cuando llegaron se despidieron con un beso apasionado.

La historia de amor entre ellos fue creciendo, aquel hombre era un encanto, la ayudó a encontrar un apartamento, la invitaba a eventos a los que ella ni en sueños hubiera imaginado asistir, una noche, cenando en un yate, eran las dos de la madrugada, ella bostezó, lo que fue para Enrico una muestra del desinterés de ella hacia toda aquella superficialidad, le acercó la boca a su oreja y le comentó cariñosamente que solo una mujer como ella era capaz de aburrirse en semejante ocasión, lo que pareció fascinarle al italiano sexy.

Así siguieron unos meses, fiestas, excursiones, todo era idílico, hasta aquel fatídico día. Estaban en el Marbella Club, bailaban, cuando de repente se les acercó la furia hecha mujer morena y pequeña, sin mediar palabra, en medio de la pista de baile y a la vista de todos, le echó violentamente el contenido de un vaso de whisky en la cara de Enrico, él, con una tranquilidad pasmosa y una media sonrisa en su cara, la miró y dijo - Te presento a Charo -

Comenzaron una acalorada discusión, una señora que resultó ser una marquesa que vivía en Marbella la cogió de la mano, muy amablemente la apartó de aquella pelea y en su coche la llevó a su casa, comentándole que aquello se iba a complicar y que no seria bueno para ella permanecer allí, para sí misma pensó que probablemente aquella escena no era la primera vez que sucedía, no entendía demasiado qué había pasado.

A la mañana siguiente, Enrico la esperaba por fuera de su apartamento, la invitó a desayunar, le contó su tormentosa historia con Charo, ella lo había ayudado hacía tiempo, habían tenido una relación y pensaba que él era de su propiedad, era una mujer muy rica e influyente en aquella zona y, en realidad él se sentía en cierto modo en deuda con ella.

Enrico le confesó también que los últimos meses pasados con ella, sin aquella mujer rondando, eran lo más bonito que había vivido en años, pero que ahora que había vuelto le iba a ser muy difícil seguir con la relación, que él no la merecía y por eso era mejor dejarlo, él no podía ofrecerle lo que una chica como ella esperaba de la vida, a cambio le pidió un último favor, que se dejara hacer un retrato por un dibujante muy famoso de allí. Cuando el retrato estuvo hecho él se lo mostró colgado en el salón de su apartamento. Así terminó aquel romance veraniego entre lujo y frivolidad, para ella, había sido una experiencia de la que había aprendido, era su vida, su camino, una elección más...

miércoles, 17 de agosto de 2016

Ella no sabe montar en bicicleta.




Los miró extasiada, el padre, un hombre joven, unos cuarenta años, la niña, con su bici nueva trataba de mantener el equilibrio sobre las dos ruedas animada por el entusiasmo de aquel progenitor que la miraba con un inmenso amor, con la alegría desbordante de quien está experimentando un sentimiento de profundo cariño, festejaba los progresos de su hija como si se tratara de unas olimpiadas, la niña, feliz, lo había conseguido, ya sabía montar en bicicleta.

Pensó en su niñez, rota por los acontecimientos, ella no sabe montar en bici, él dejó pasar la oportunidad de enseñarle, dejó de vivir tantos momentos importantes con ella que ya ni siquiera podía imaginarlos. Antes de irse ella creía que era lo mas importante para él, pero un día triste fue consciente de que no era así. No le gustaba dejarse llevar por aquellos pensamientos de carencias, ya había superado hacía mucho tiempo, (Al menos así lo creía) aquella tristeza. Pero de repente, al ver esa escena tan tierna, evocó lo que hubiera sido su vida si él hubiera permanecido a su lado, velando por ella, mimándola, cuidándola, si no se hubiera ido, si hubiera continuado siendo su padre.

Ahora, en su vejez, pensaba todavía en él, la huella de un padre es indeleble, por ello, su ausencia nunca se borraría de su vida. Se quedaría con el desconsuelo de saber cómo habría sido ella, cómo sería su carácter y personalidad si él no la hubiera abandonado, se imaginaba más dulce, más confiada, menos suspicaz, quizá habría terminado una carrera...

Ahora su vida transcurría tranquila, en paz, no había sido en balde aquella pasada experiencia ya que de todo se aprende, seguramente, pensaba, he tenido una vida buena en compensación de los vacíos experimentados, el agradecimiento por tantas vivencias felices podía más, el perdón y la comprensión también eran sentimientos que había adoptado hacía ya mucho tiempo, sobre todo porque notaba que iban en su propio beneficio. Probablemente, su padre, a su manera, también la había ayudado.





miércoles, 3 de agosto de 2016

Elegir el descontento.







Siempre tropezaba con algo, aún cuando todo se tornaba a su favor, ella declinaba dejarse envolver por la dulzura del momento, como si de una huída hacia el descontento fuera su meta, como si en un hipotético cambio estuviera escondida aquélla felicidad que no se había permitido más que por escasos tiempos. Cambiaba de situación, pero volvía el desaliento.

Contemplar su desazón era lo único cierto, daba igual que todos bailaran a su son, que trataran de conseguir lo imposible, verla feliz, en paz, aceptando situaciones. Porque, ¿Qué es vivir en paz?, ¿No es valorar lo que tienes, minimizando  las carencias hasta la casi nula percepción de ellas?.

Cuando dentro de la persona existe un desasosiego involuntario pero persistente, nada se puede, solo esa persona tiene las herramientas para el cambio necesario, para lograr sentir el bien, la dulzura, el desvelo del otro, si no se traspasa esa barrera, la vida se va convirtiendo en un mar revuelto donde las olas cada vez serán más agresivas, hasta ahogarte.

Pero ella, no quería escapar, no estaba dispuesta a ceder para encontrar la ansiada calma, poco a poco, se fue quedando sola, es posible que fuera eso lo que buscaba, lo que estaba eligiendo, acaso, para estar por fin en paz...


miércoles, 20 de julio de 2016

Que viene mi segundo nieto...


                                                  
                                                



En primavera, un precioso día de mayo, concretamente el veintitrés, me enteré de tu incipiente existencia. 

Las lágrimas de tu padre me hicieron saber que ya era más tu padre que mi hijo...y eso me llenó de orgullo, de una emoción interna que me decía que lo había hecho bien, que lo que siempre deseé se estaba cumpliendo, la madurez llega cuando te responsabilizas de tu propia vida, pero cuando desde esa madurez se decide responsabilizarse además de una nueva vida, es para mi un signo de distinguida generosidad. Eso es lo que vi en la emoción contenida de mi querido hijo.

Ahora estamos todos tan felices y tú tan chiquitita o chiquitito... Espero que estés en paz siempre como lo estás ahora, en tu inconsciencia aceptas lo que se te da sin cuestionarte absolutamente nada, confiando en la vida, en tus padres, porque de todas formas, no podrías hacer otra cosa, pero al mismo tiempo se puede aprender mucho de ti, de un ser que sin pensar todavía , simplemente es, sigue adelante en la etapa que existe, para llegar mas allá, para crecer, para un día nacer y convertirte en un ser humano completo. 

Ojalá entonces sigas evolucionando con la misma fe que lo haces ahora, con la misma paz y sosiego y que ese sentimiento te acompañe a lo largo de tu vida.

Ya te quiero, pequeño ser.