jueves, 4 de octubre de 2018

La escapada.



Miró la rosa que había colocado en el estuche de la primera fila del avión con melancolía, recordando cómo horas antes, en aquel famoso restaurante él se la había regalado, se estaban terminando aquellos idílicos días en esa isla paradisíaca. Vuelta a la rutina, él le acercó su cabeza, la besó, había en su rostro también cierta amargura.


Eran muy felices desde que se conocían, lo suyo había sido un flechazo, desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron supieron que estarían siempre juntos, que sus almas se pertenecían, que los dos eran uno en aquélla unión incontenible de pasión y locura, que no habría nada ni nadie que pudiera separarles.

Durante el vuelo de regreso brindaron por aquella escapada que les había permitido conocerse mejor, estar juntos más tiempo y confirmar que nunca habían experimentado aquélla plenitud, aquel sentimiento de unión de dos seres.

Cuando llegaron a su destino, ella lloraba, se despidieron con un largo beso que daba paso a un futuro de vuelta a la rutina más desesperada, a los días más monótonos. Ella arrancó su coche, cuando llegó a su garaje la primera que salió a recibirla fue su hija, se abrazaron cariñosamente, él, sonriente la esperaba en la cocina, había preparado su famosa lasaña para su llegada, la besó al tiempo que le preguntaba cómo había ido el curso.



viernes, 6 de julio de 2018

El accidente.





Llegó, majestuosa, con aquella mirada dulce acompañando a su bella sonrisa. Berta, casi abalanzándose hacia ella, la increpó, le reprochó su laxitud con respecto a los chicos, claro, por su culpa ahora habían tenido aquel desastroso accidente. Ella la miró sin perder su elegancia y su amabilidad, cálmate, le dijo, estás muy nerviosa. 

Se dirigió a su hija que la miraba de soslayo y con sentimiento de culpabilidad, pues el coche era nuevo, su madre se lo había prestado para pasear con su novio, él acababa de aprobar el Carné de conducir y se la habían pegado, en una bocacalle no había cedido el paso y había chocado primero con otro coche en el cuál viajaban tres chicos, uno de ellos había resultado herido leve, después, con los nervios, el hijo de Berta, se había empotrado contra el muro de la esquina de enfrente.

Ahora, pensaba ella, su madre tendría que acarrear con todas las responsabilidades puesto que el coche era suyo, no estaban económicamente muy boyantes las cuentas de la familia, preocupada, se abalanzó a los brazos de su madre que estaba en ese momento preocupándose por el estado del novio, le dijo que ella dejaría los estudios, que se pondría a trabajar inmediatamente para ayudar a sufragar los gastos que todo aquello supondría. La madre, siempre en calma, la serenó, le dijo que ya se arreglaría todo, que lo más importante era que los dos hubieran salido ilesos y que a los otros chicos tampoco les hubiera pasado nada grave.

Fue una lección moral que nunca olvidaría, su madre le demostró aquel día lo que es entereza, optimismo, bondad, comprensión, elegancia, belleza, generosidad y sobretodo, AMOR. ¡Qué privilegio ser hija de un ser tan excepcional!

sábado, 9 de junio de 2018

Si sirven, ¿Porqué cambiarlas?



Me gustan las cosas viejas, con su humildad y su servicio de años, con sus colores gastados y bordes redondeados por el paso del tiempo, siento su mirada a través de los años, de familias distintas... y ellas, las cosas, siempre ahí, el sillón que viajó en el tiempo, la librería gastada con libros que leyeron tantos, las puertas maceradas de abrir y cerrar pasos, la cocina que a tantos ha acogido, ahí siguen, imperturbables, las nuevas generaciones llegan siendo niños, aceptando el pasado que reside en esas cosas viejas, así son ellos, los niños, todo les divierte y les atrae, vienen sin necesidades, con todo en ellos y de repente pienso que son como las cosas viejas, que no piden nada, que todo el tiempo han ofrecido y siguen ofreciendo, nosotros nos seguimos sirviendo de ellas y de ellos, de las cosas viejas porque siempre han estado con nosotros y con los que se fueron y de los niños porque son recién llegados limpios, nuevos, alegres y renovadores que nos traen sus risas y su alegría de vivir.


martes, 3 de abril de 2018

El infierno no está en el remordimiento. Está en el corazón vacío. K. Gibran






Y si somos capaces de percibirlo, de sentirlo, viviremos los momentos de reparación, esos instantes que te devuelven el recuerdo de lo que creíste haber hecho mal, ahora se presentan en oportunidad de seguir amando y curando heridas, el tiempo nos muestra claramente que siempre se pueden mejorar y restaurar lo que creemos fueron errores en nuestro caminar.

Al sentir esto una inmensa paz se adueña de nuestro interior, una tranquilidad que no es la de tener los problemas resueltos, no es la de poder llegar a fin de mes sin apuros monetarios...es, otra sensación, la que te aporta una lucidez que va más allá de lo palpable, es la conciencia de la verdad, esa que solo cada uno de nosotros podemos encontrar en nuestro interior, esa que no necesita testigos para certificarla, simplemente te permite descubrir que eres mucho más que todo lo externo. Es cuando escuchas el sonido del silencio




jueves, 8 de marzo de 2018

Felicidades mujer.




Felicidades no porque haya que haber señalado un día para celebrarlo, (los hombres no lo necesitan), sino simplemente por haber nacido mujer, por tener la capacidad de trabajo y aguante más fuerte ante cualquier vicisitud, por poder elegir entre ser madre o no serlo, por ser el vehículo que ha elegido la naturaleza para albergar a un futuro ser, por poder sentir el amor más incondicional que existe, por tener la fortaleza de ver cómo se ha pisoteando tu inteligencia simplemente por ser mujer, cómo has sido testigo silencioso de tantas injusticias habiendo sido consciente de ellas, pero tú sigues adelante, por ser una luchadora en el silencio y en la actividad según los casos, por las calladas y por las alborotadoras, porque cada una tiene sus razones para actuar de la forma que cree más adecuada para su momento, porque nuestros derechos van más despacio, pero van, en eso deberíamos ser una todas y todas una, porque donde hay una mujer sufriendo no puede haber otra ignorando.

 Quiero pensar que algún día todas estas reivindicaciones las recordarán nuestras nietas o biznietas con curiosidad, no se lo podrán creer, porque el tiempo va dejando atrás las historias, los momentos vividos, las luchas y los logros, los nuestros ahora y los de otras muchos años antes. 

Hoy no debería ser un día de regalos y de ofrendas, no debería convertirse como tantas otras celebraciones en te doy un regalo y todo sigue igual, siguiendo el dictado del consumismo que nos manipula, no, hoy debería ser un día para reflexionar y cambiar actitudes, revisar educaciones, terminar con los falsos príncipes azules y las princesas rosas, el primer día del verdadero cambio. 

Arriba los corazones, como decía mi madre.  

martes, 2 de enero de 2018

Yo.



La verdad es que soy el rey del mambo. Nadie sabe tanto como yo, pertenezco a los más selectos grupos de esta sociedad caduca y en decadencia, pero yo, yo soy de lo mejorcito que ella, esta sociedad ha dado.

Menuda estúpida mi tía, ella piensa que soy un analfabeto emocional, qué sabrá el burro lo que son caramelos, bah, “Keleden”. Lo que me tienen es una envidia que no la superan, claro, ¿Cuándo van a llegar ellos a mi rango, eh?, nunca, porque están anquilosados en sus ideas y prejuicios. Sin embargo yo, he superado un obstáculo tras otro, me he superado a mi mismo, he sacado tres títulos, hablo cinco idiomas, he leído ni te cuento de libros, pregúntame por autores y te digo. Lo cierto es que todos saben lo que valgo, cuando nos reunimos, ¿Quién es el que habla?, pués yo, naturalmente, es que ya es clásico, ellos ni saben qué decir, en realidad sus vidas son tan pobres, tan monótonas. Yo es que por mi trabajo viajo mucho, reuniones, presentaciones, comidas y cenas...Ella tampoco me aguanta mucho, dice que bebo demasiado, está fatal, claro, la llevo manteniendo desde que la conocí. Mal agradecida. 

A veces tengo que ponerme muy muy serio con ella, la pobre, no entiende nada, es muy guapa mi mujer, pero dentro de esa cabecita tan linda me pregunto si hay vida inteligente, yo la quiero, a mi manera, cuántas veces me ha dicho de separarnos, pero ni hablar, qué van a decir mis colegas, por favor, qué ordinariez separarse, eso se deja para los incultos, no sé cómo hacérselo entender, es que es muy torpetona ella. Qué paciencia señor, cuándo aprenderá a estar a mi altura. Es ella y solo ella la culpable de mi adición al alcohol.