martes, 27 de octubre de 2015

La princesa triste.












Había sido una niña buena, siempre hizo lo que se esperaba de ella, estudió, se preparó como sus padres querían, siempre agradando a los demás, siempre perfecta, como había aprendido con los ejemplos de su familia. Que nadie tenga nada que decir de familia tan honrosa. Así creció, pensando que los otros admiraban su buen hacer, su buen vestir, su vida completa.

Así pasaron los años, viajando, aprendiendo, prosperando, se convirtió en una bella y eficiente mujer. Un día le conoció y apasionada como era se enamoró locamente de él. Pensó que su amor lo haría cambiar, le haría despojarse de su inmenso egoísmo... para descubrir la cruel realidad, nunca cambiaría.

Luchó por su sueño, por su amor, por su familia. Su fortaleza la hacía volver a creerle, volver a confiar, pero de nuevo le fallaba, ella se sentía culpable, sentía que no podía colmar la inmensa virilidad que él le hacía creer que no podía dominar, él se le mostraba como un ser superior, disculpaba sus deslealtades con argumentos miserables como que ella no era la amante que deseaba. Pensaba que la quería, de hecho, se lo repetía a menudo, ella era su princesa, la reina de su casa, sus devaneos nada tenían que ver con la buena marcha de la familia, le demostraba celos incluso, no podía ser verdad, no podía creer lo evidente, lo que era una mentira a voces, a ella no le podía estar pasando. Lo había dado todo, todo y más, pero a él no le bastaba.

¿Era él un maltratador psicológico?, ¿Era ella una víctima inconscientemente?, estaba sola, se sentía sola, necesitaba mucha fuerza para romper lo que era toda su vida, necesitaba un poder de decisión que le faltaba, educada como había sido en el seno de una familia católica y muy tradicional, tampoco podía decepcionarles a ellos, no quería hacerles daño, así que seguía sola...


viernes, 23 de octubre de 2015

Cuentos para Lucien. La artista.

Érase una vez, una familia muy feliz. Papá, mamá, Guillermo y Alicia. También estaban la tía Ana, el tío Javier y las primas Dulce y Eva, esta anécdota va de ellos.
Dibujo de Lucien

Una tarde, paseando por la plaza los ocho, decidieron sentarse a tomar un zumo los mayores y los peques fueron a corretear por la inmensa explanada donde habían plantas con flores de todos los colores, los cuatro primos disfrutaban muchísimo jugando y saltando, escondiéndose y encontrándose.

De repente, Guillermo vio que una señora estaba sentada en el suelo pintando un precioso mural con colores increíbles, era una artista, también se fijó en un sombrero donde la gente depositaba monedas, como la pintura de aquella señora le gustaba tanto, se lo dijo a sus primos, que acudieron entusiasmados a contemplar aquella obra de arte.

Después de un rato de estar mirando, Eva dijo que quería ponerle unas monedas en el sombrero, porque le gustaba mucho lo que pintaba, que era un caballo al galope libre por un prado verde. Así que se fue corriendo a la mesa donde estaban los mayores y dirigiéndose a su madre le pidió dinero para la pintora. Su madre, levantándose de la silla se acercó a ver lo que tanto admiraba a la niña, cuando lo vio quedó fascinada, le dio la monedita a su hija y esta la depositó en el sombrero, al verla, Guillermo fue a hablar con su madre para hacer lo mismo, ya que también quería ayudar a la señora artista, su madre, sin apenas ver lo que estaba pintando aquella mujer, solo pudo fijarse en que la señora tenía un aspecto diferente, vestía con falda larga y estaba un poco desaliñada, tampoco le gustó la forma en que estaba sentada en el suelo, así que sin más miramientos dijo: -Hijo, a mamá no le gustan ese tipo de personas, ven con nosotros y dejen ya de estar ahí mirando.- 

Guillermo y los demás niños se quedaron muy tristes, para ellos la señora era admirable por lo que hacía, no se habían fijado en cómo iba vestida o peinada, ellos, como niños, no tenían problemas en aceptar a la gente como es, pensaron que algunos mayores se complicaban demasiado la vida fijándose en tantas cosas que no eran tan importantes. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Liliana. El primer día más feliz de mi vida.






   
      
Y naciste, para llenarme de amor, de un amor indestructible, incansable, incondicional, un cariño tan fuerte que ha sido una armadura contra todas las adversidades que ha ido encontrando...                                                               

Felíz cumpleaños hija. Siempre intuí que con los hijos se aprendería lo que nos faltara y nos complementaría en la avanzada madurez, ya que para los padres representan un futuro que  por lógica  generacional y demográfica,  está  vetado, estoy teniendo el privilegio de aprender de ti, de ser partícipe de tu cambio, de tu elección .

Ver cómo estás educando a tu hijo junto a su padre,  con esa dulzura,  esa paciencia,  creatividad y responsabilidad, eligiendo ese cometido por encima de intereses más prosaicos, renunciando a tantas cosas que para ti antes eran prioritarias, sin amago alguno de desconsuelo,  simplemente con la ilusión que la maternidad junto a la estabilidad familiar han traído a tu vida.

Espero que cumplas muchísimos más, que sigamos disfrutando de tu entrañable familia y seguir siendo testigo de tu realización como madre,  como mujer.

Como madre también me siento orgullosa de haber influido en algún sentido para que tu personalidad sea como es. Te quiero.


martes, 6 de octubre de 2015

Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro.




                                       



Redes sociales.- Una reflexión sobre su impacto y nuestra vulnerabilidad. Quiero aclarar que empiezo este post, pensando primero que nada en mi misma, soy la primera en decírmelo, pero, sinceramente, me gusta la comunicación, me atrae la diversidad de pensamientos y quiero pensar que aprendo algo con todo esto, también aclarar, que descubro gente genial, amable, solidaria y educada cada día. Así que dicho lo anterior empiezo:

Cuando en una reunión damos nuestra opinión, siempre enseñamos un poco lo que somos, o lo que pretendemos ser. Pero, las palabras se las lleva el viento, luego alguien recordará lo que dijiste, quizá, pero ya será subjetivo, podrá estar teñido de su propio criterio.

Pero cuando lo que opinamos lo escribimos, (este es el caso de las redes sociales), lo que allí plasmamos, aparte de que lo ve infinidad de gente, nunca se podrá eliminar del todo. Ahí es donde está el riesgo que corremos y del que debemos ser conscientes.

Si lo que ponemos lo hemos contrastado y no nos importa lo que los demás, incluso mirando al futuro, piensen, adelante. Pero, la inmediatez de un impulso muchas veces, nos hará delatarnos de una forma que pudiera ser que un día no nos gustara que aquello que escribimos  fruto del apasionamiento del momento, por ejemplo, un hijo, una pareja, un futuro empleo, lo contemplara. Ejemplos de lo que expongo los tenemos muy fresquitos en nuestra reciente política. 

También ocurre en este nuevo mundo digital, en el cual hay mucho afán de protagonismo y los egos andan muy exaltados, que te ponen en situaciones imaginarias, como por ejemplo: "Si quieres a tu madre comparte", o, "Estoy seguro/a que esto solo lo compartirán aquella personas que quieren que se acabe el hambre en el mundo", o, "Dale a me gusta si estás de acuerdo en que fulanito es un ladrón" y así un largo etcétera de manipulaciones en los que muchos caen sin pensárselo demasiado, unas veces por las prisas, otras por la broma ocasional, también por ingenuidad, otras por el insulto fácil y grosero a alguien que no tienes delante... e internet va recopilando, va formando una opinión de las personas, de los egos, en las redes sociales.

Lo que digo es fácil de comprobar, ve y pon tu nombre y apellidos en Google si no lo has hecho ya. Eso no se borra. Ahí se nos ve el plumero a todos y a algunos hasta la basura, de manera, que más vale a veces no contestar o compartir impulsivamente que hacerlo, aunque nos invite a compartirlo nuestro/a mejor amigo/a.  Está en juego nuestra reputación.


jueves, 30 de julio de 2015

Luces sin sombras





Vivir sobre la alfombra sin dejar salir la basura,  sin asomo de realidad no vaya a ser que la 

autenticidad nos descubra. Así una vida entera, así, sin primaveras, qué bonito cielo, qué precioso el 

mar, mira las flores, ¿Alcanzas a ver las luces sin sombras? Esas, que creen que engañan y son 

esclavas de su fatuidad.


jueves, 7 de mayo de 2015

Cuentos para mis nietos. Lupi el pajarito.

Lupi era un pajarillo que vivía en una granja rodeado del cariño de sus padres y hermanitos.  Ayudaba en todo lo que podía, recogía ramitas y bichitos para tener almacenada la comidita que más les gustaba a los pajaritos.
                                              
Foto de Néstor M. Garavito
En las afueras de la granja había también familias de pajaritos que apenas tenían comida, así que Lupi siempre que podía cogía del almacén algunas hojitas, ramitas y bichitos y los repartía entre las familias que no tenían tanta suerte como él.
                                       
Foto de Néstor M. Garavito
      
Pero había una cosa que a Lupi no le gustaba. En la misma granja, había otra  familia de cotorras, ellas comían todo lo que encontraban, disfrutaban de la abundancia. 
                                            
Foto de Néstor M. Garavito
Un día, las cotorras invitaron a Lupi a comer, pero a cambio, tenía que coger del almacén que sus papas cuidaban con tanto esmero, un montón de comidita para regalar a aquéllas cotorras para su reunión. También le dijeron que se tenía que poner un precioso traje de fiesta para ir.
                                       
Lupi, que era muy sensato, pensó: si me hago un traje nuevo, tendré que cambiarlo por un montón de ramitas, bichitos y hojitas, además, ¿Las cotorras para qué quieren tanta comida si ya tienen un montón?, ellas viven lujosamente. No entiendo su necesidad.

Así que se fue a la fiesta con su vestido de siempre y llevó solo unas pocas cositas como bichitos secos y hojitas. Al llegar, los invitados le miraron recelosos y cuchicheaban entre ellos - Mira a Lupi, va como si no tuviera suficiente para ponerse un nuevo vestido y qué poca comida ha traído..., es un tacaño - 
                                             
Foto de Néstor M. Garavito
Cuando terminó la fiesta, en la que Lupi no se divirtió demasiado, volvió a su hogar. Estaba triste, porque aquéllos amigos no lo comprendían, él no entendía para qué se ponían trajes nuevos cada vez que salían, si el que tenían no estaba roto ni nada, sentía pena por las cotorritas que si no tenían muchas cosas estaban tristes.

Al día siguiente, llamaron a su puerta, una familia de pajaritos estaba en apuros, habían tenido muchos hijitos y unos niños les habían destrozado su nido, ahora tenían que empezar por el principio y con los bebés llorando todo el rato pio, pio, pio, así que necesitaban comida urgente, Lupi fue al almacén, sacó todo lo que pudo para ayudar a esta familia, también les llevó muchas ramitas con hojas para abrigarse, acumuló todo lo que pudo para ayudarles, todo lo que encontró para que estuvieran bien.

Y es que Lupi sabía dónde estaba la verdadera necesidad y le gustaba ayudar a los demás, con eso era con lo que él era feliz, pero las cotorras no sabían este secreto de Lupi y lo juzgaban sin conocerlo. No deberíamos hablar de los demás sin saber las razones que tienen para hacer lo que hacen o decir, lo que dicen.